Brigadas motorizadas arramblan con metros de cable de cobre en un afán de enriquecerse a costa de arruinar el siglo de las luces, de la web y del horno microondas. Más de quinientos detenidos con las manos en la masa están poniendo el listón muy alto. O se perfora más mina o se ponen guardas jurados. O nos quedamos a dos velas. Por el campo discurren metros y metros de cobre de los que se apropian furgonetas y furgonetas de gente avisada a su tiempo de que el cobre está por las nubes y es peor pedir que robar. Puede que en ese ejército compuesto por personas que no han oido hablar del calambrazo, abunden banqueros reconvertidos, accionistas irreductibles, directores generales cesantes, poniendo todos ellos etiqueta a esta nueva edición de las uvas de la ira donde en el horizonte a oscuras no se vislumbra otra figura que la del merchero en marcha. O quizá son gitanos rumanos empeñados en poder pagarse el billete de vuelta a la patria.
Cuando todo lo que da de sí la invención patria es buscar un sitio apartado para que los jóvenes se emborrachen sin dar ruido, llega la vejez y reivindica un lugar entre el paisaje. Un paisaje que ya es sólo el titular de la noticia desde que hacer vida sencilla se considera lo peor que le puede pasar a una familia. Tu valía social vale tanto como el minuto mediático de gloria. Y a ello se han aplicado en lo que va de mes unos viejetes que no se andan por las ramas. Preso de un ataque de kale borroka o quizá víctima del furor mediático que emiten las ondas episcopalianas, un paisano que peina canas se ha llevado por delante 40 contenedores de basura. ¿La edad? 82 años. Para que luego digan que los años asesan. Otro más allá, harto ya de estar harto y de que cada vez que haya que dar dinero a los bancos lo primero sea recortar las pensiones, se lía la manta a la cabeza y quema un monte entero.Daños: un muerto.
Y el último: revolver y cadáver. ¿Qué fue? ¿Ardor guerrero? Dicen las crónicas que actuó con absoluta frialdad. Como si tuviera edad para andar poniéndose nervioso.
Luego está lo de echar la culpa a la calor.
Trisca la cabra Blanquita por las fronteras patrias balando para acompañar al rey de los abdominales mientras el ferragosto adormece las ideas sublimes sobre patria, municipio y sindicato. La calorina aprieta más que unos calzoncillos de Boss y es en esta encrucijada entre llamar o ir a abrir cuando se nos representa la gran gala del verano: “Oigo Patria tu afición” que muchos creerán ecos de la gesta del 11 de julio cuando en realidad se trata de la campaña de rancias reminiscencias del héroe de Castillejos más pronto que tarde apiolado en la calle del Turco por aquellos que gastan sarpullido nada más oír la palabra progresista.
Sí, yo también quisiera poder escribir negro sobre blanco pero ya ves lector, “el que se quema con la sopa, sopla en el yogurt”.
Y nada te digo de la imposibilidad de dar suelta a la imaginación para poder casar conflicto, ardiente desierto, plazas de soberanía, cáncer, mojamé y equipo médico habitual. A ver si con más calma puedo ocuparme de las playas de Figueira Da Foz que tienen menos relumbrón pero dan más tranquilidad al escribidor.
Arde la calle al sol de poniente y hay tribus ocultas cerca del río esperando a que llegue la noche para pode respirar en este tórrido mes de agosto en el que no hay ciudadano capaz de aguantar el tirón de escribir el blog y leer los blogs. En mi caso porque aparte del calor, la duda sobre qué pedir en concreto a Pepe Isbert me ha tenido tan dubitativo que se fue Ms. Marshall y yo sin tomar decisión ninguna, perplejo ante la llegada del maná, la estancia del maná, el saludo del maná y el polo del maná, negro para más señas.
Pero como España no defrauda y sólo resta esperar a que salte la liebre entre palma y palma, jamoncito del bueno, fino y bulerías, ahí ha quedado inmortalizado en el Sacromonte el hombre más poderoso del mundo, el líder más conocido del orbe, el presidente de Estados Unidos al que no le falta dinero para promociones. Para la española que cuando canta es que canta de verdad, el presidente del país más potente es ni más ni menos que: ¡El señor Mojama! Con un par… de palmas. Arsa.
Prolifera el kebab como proliferaron los chinos. En mi pueblo debe haber ya más de los primeros que de los segundos. Abren uno aquí al lado. Voy. El paisaje es tal que éste: el local es el de un bar de toda la vida al que se le ha añadido en un lateral de la barra una diminuta freidora, una diminuta plancha y unos diminutos asadores donde dan vueltas dos espetones de carne. Vigilando los espetones, cortando cebolla, tostando pan y friendo patatas hay un ciudadano de nacionalidad indefinida al que no escucharé una palabra durante mi estancia que será larga. A su lado, un ciudadano que podía ser cingalés, sonríe y pide perdón. Creo que no sabe otra palabra. Se ocupa de afeitar los espetones. A su lado, una ciudadana española con una libretilla, toma la comanda, hace las cuentas, devuelve el cambio, hace paquetes para los pedidos y se lía sin remisión. Aprovecho un momento en el que parece que ha vuelto del país de los líos para solicitar mi consumición. Me siento a esperar. Ignoro que esperaré bastante. Hace tanto calor que han abierto de par en par las puertas para que entre más calor. El presunto cingalés me hace señas para que me acerque al ventilador que, en la barra, da aire a la cuadrilla. Prefiero una mesa. Hay más mesas. En una de ellas hay una gran familia de la que, oh sorpresa, se destaca una matrona con teléfono inalámbrico en la mano. Es la encargada de tomar los pedidos telefónicos. A su alrededor, el resto de la familia la debe estar haciendo compañía. Otra mesa está ocupada por una madre adolescente, su hijo y el que parece ser su novio. Ella lleva la unidad de entregas a domicilio, compuesta por el novio, un amigo, dos vespas y un plano de la ciudad. A cada pedido que hay que llevar se forma el comité de descubrir dónde está exáctamente la calle. Se despliegan mapas, se suda mientras se mira concentradamente, se apuntan soluciones, se sopesan itinerarios, se aventuran lugares… La madre adolescente siempre encuentra el camino correcto: por donde vive mi tía, por donde está el bar de Chuchi, por detrás de la bolera… Ellos cogen las bolsas y salen pitando en las motos. Yo sigo esperando mientras mi Mahou se calienta. Me levanto a por más líquido. El pobre cingalés que presupone en mí a un cliente al borde la huida, me sonríe, me pide perdón, me pide perdón, me sonríe y hace gestos para que yo comprenda que mi encargo está al caer. Se tranquiliza cuando le pido otro botellín. Total, me está entusiasmando el espectáculo. Para completar el paisaje de parroquianos, en un lateral de la barra se sienta un borracho. Habla con un señor serio y sobrio. Le está intentando regalar la casa. El sobrio no atiende porque está contando la preocupación que le está ocasionando un tal “el americano”. Mi oído ya no es el que era y no puedo afirmar que esté hablando de que “el americano” está muy enfadado por un alijo de 90 kilos de droga. Aguzo el oído. Cambia de conversación. Ahora le está ofreciendo al borracho los servicios de una prostituta. No puedo seguir la conversación porque en ese momento entra en el local un paisano con una docena de cebolletas recién arrancadas de la tierra. Se las da al de la nacionalidad ignota. Tras el de las cebolletas comparece otro paisano, armado con un cangrejo de río vivo que aterroriza al pequeño de la jefe de distribución adolescente. El cangrejo es el rey de la movida porque todo el mundo se moviliza a verlo, a tocarlo (con cuidado). A estas alturas de la noche, con el calor que está haciendo y sin que todavía me hayan servido de comer, estoy por pedir otro kebab. Cuando llega mi encargo, el más feliz es el cingalés. Para que luego digan que sólo entretiene la televisión.
jul
A principio de los 80, en la Facultad de Periodismo no había mucha gente con loden. Bueno, en realidad no había nada más que una persona: Eduardo. Acaba de morir. Desentonaba en el curso por la edad. Quizá era unos 20 años mayor que nosotros y por el porte de rico, rico. Le acompañaba su mujer Mamen. Por razones que entonces no supimos, ambos necesitaban un título de periodista. Eduardo para unirlo al de ingeniero de montes. Yo me llevaba magníficamente con aquel educado señor que nos veía lanzarnos a las barricadas por cualquier cosa. No le molestaba tanto la algarabía como la pérdida de tiempo. Eduardo necesitaba el título y no estaba para esperar. El año 1984 acabamos la carrera y Eduardo invitó a cenar a la clase. Estaba claro que él tenía más dinero que todos nosotros juntos. Quería celebrar este título de periodismo que iba a utilizar para dirigir una revista y sustituir a su anciano padre. Joder con Eduardo, resultó ser el propietario de Hola. La única revista en la que ninguno de nosotros quería trabajar. Poco después saltó a la fama: se deshizo del redactor jefe que parecía destinado a heredar. Sí, ese redactor jefe que anda ahora por las televisiones hablando de la familia real. No volvimos a vernos pero siempre he recordado su educación, su empeño y lo bien que nos ocultó su identidad. Quizá, de haberla sabido, aquella patrulla de levantiscos jóvenes hubiese dejado de hablarle.
jul
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En (Cosas) por Enrique M. de la Casa el 22-07-2010
Tags : Equidistancia, escritores, progresistas
Vivir para ver. Qué cabrones los rojos, siempre con la engañifa. Mira si no a ese Miguel Hernández que tanto mereció lo que le pasó por haber abandonado la recta vía de la camisa azul y el devocionario. Un flojo, un veleta, un rico que parecía pastor para engañar y darse pisto.
Y bueno, por no hablar de Rafael Alberti. Una guerra tuvo que venir para que viviese como señorito en Madrid. Y en lugar de quedarse y recibir lo suyo, salió por patas. Mientras los antecesores de los que han logrado desvelar este secreto se partían en pecho en defensa de la legalidad, el tal Rafael sentando plaza de poeta lo que hacía era vivir su particular vida achampanada con su compañera, otra que tal. Y venga la vida padre en el exilio en lugar de venir aquí a ver si se atrevía, que todo se ve muy bonito desde Moscú. O Buenos Aires. O Roma.
Y aquí está lo último: ¿No era comunista esta Sara Mago? O Saramago que me lío. Pues ahí está el pufo a la hacienda española. Que si pose, que si Nobel, que si los pobres, que si tal pascual. Otro patas. Ha resultado ser un defraudador como si en lugar de poeta fuese constructor. O a lo mejor lo era en la clandestinidad. Que no hay que fiarse de las apariencias.
Menos que mal que aquí hay verdaderos patriotas que impasible el alemán, triscan por las montañas nevadas para arrebatar la careta a tanto progresista de salón. El selecto club de los equidistantes va ganando fuerza.
Que algo se está haciendo contra la crisis lo vengo notando yo hace algunas semanas. En mi supermercado, la tradicional lata de Mahou que tantos buenos ratos ha dado a familiares y amigos mayores de edad, ya no está. Ha sido sustituida por una lata más grande. No estoy por la labor de beber más asi que rompo una tradición de siglos y busco Amstel. No sirve de nada, ha crecido un 14 por ciento y lo pone bien grande en la lata. ¿San Miguel? Iluso. También ha pegado el estirón, como adolescente. Sobrevive apegada al tamaño de 33 cl. Cruzcampo. Supongo que ahora que ha pasado el mundial y como patrocinadores de la roja que son, van a hacer la lata más grande, casi tanto como la bandera instalada en Colón. Antes, antes de la crisis quiero decir, los tamaños mega lata sólo podían encontrarse en el Lidl. Eran todos tamaños extranjeros. Lo nuestro ha sido botellín, tercio y bote. Parece que se ha acabado, que vamos por la senda de Europa para sofocar la crisis. Con más cerveza. Es que están en todo.
jul
Por el mismo rodalito por donde ví pasar al Estatuto de los Trabajadores camino del basurero de la historia, ví ayer correr a la Ley de Economía Sostenible. Ha resultado ser insostenible a las primeras bofetadas. Es lo que tienen las convicciones profundas: “estos son mis principios pero si no le gustan, tengo otros”. Habiendo hecho ya caminito, por el mismo sitio y en la misma dirección ví despeñarse al aumento de impuestos para los ricos. Para que luego digan que la izquierda es dogmática, intransigente, de ideas fijas, empecinada. Como nos descuidemos, eso que parecía caminito que el tiempo ha borrado, se va a convertir en circuito de carreras: compromisos sociales corriendo por ver cuál es el último en desaparecer en tanto el público, bastante animado ahora que ha descubierto que es español, español, aplaude a rabiar las cabriolas entre principios, finales, sujetos y predicados.
jul
Da la idea el amigo Illán de traernos al pulpo Paul y dejarnos de elecciones. Hay ideas que es mejor no manejar en España, tan propensa a los atajos para acertar con la voluntad nacional. El Mundial (no hace falta añadir apellido) me ha permitido saber que fuera de España también cunde la tontuna. Cuando oí por primera vez hablar del pulpo Paul pensé en alguna idea básicamente española, con las cámaras en directo y tal. Pero no, esta vez tocaba la tontuna en Alemania. Poco tardó España entera en seguir la senda porque es difícil que sepamos desaprovechar esas oportunidades. Ahí tienes a televisiones hechas y derechas, conectando en directo para seguir la actividad del pulpo. Al rato ya estaba España adoptando al octópodo. Si a algún sindicato se le ocurre convocar a la prensa para hablar del paro y exige que se transmita en directo, el sindicato se queda desconectado. Es lo que tiene confundir lo urgente con lo importante. Ya va quedando atrás todo eso. Para terminar esta serie, sólo indicar que mi hija me preguntó durante todo el Mundial por qué El no estaba y sí estaba Ella. Yo esperé a que los medios de comunicación me respondiesen a esa pregunta pero debieron estar haciendo el clásico ejercicio español de no menealla.