En (Política) por Enrique M. de la Casa el 15-03-2010
Hace muchos, muchos años, en una galaxia muy lejana, se asentaba Eladio en el centro de la defensa del Barcelona. Aunque pareciera que defendía, Eladio a lo que se dedicaba era a sacudir a todo el que se acercase por allí. Y había bofetadas por no acercarse. Era una de esas clásicas confusiones, una apariencia. En realidad ese Eladio no jugaba al fútbol, lo destruía. Me he acordado de él al leer que otro Eladio, en una galaxia más cercana, ayer mismo, sucumbía al bebedizo de la familia Baltar, abjuraba de su fé socialista e ingresaba en ese Partido Popular antes tan caciquil y ahora tan moderno. E ingresa con una declaración que no engaña a nadie: servirá a su nuevo partido con la misma dedicación, entrega y disciplina que lo hizo al anterior. Avisados quedan. Si este Eladio era la persona de confianza del nuevo dirigente regional socialista, no le arriendo las ganancias al susodicho dirigente. El futuro del socialismo gallego parece que se ha vuelto color de hormiga.
En (General) por Enrique M. de la Casa el 12-03-2010
De las glorias deportivas que campean por España en Lyon no tenían noticias, al parecer. Y las mocitas madrileñas están hasta el gorro de todo esto. ¿No podemos con el Olimpique? Contratamos a Bencemá y lo sentamos en el banquillo. ¿Podemos entonces? No. Vaya. El Real Madrid se ha abonado a la prueba-error. Con tan elegante y armoniosa dedicación que está a punto de batir marcas mundiales de error. ¿Por qué el Santiago Bernabéu empeora jugadores? Mi tesis es que el Museo del Jamón hace estragos entre jóvenes muchachos que llegan a Madrid con el deseo de entrar en la leyenda. Al final acaban entrando en la leyenda del jamón, las lumis y la bronca peripatética. Además la afición es muy cuca. Ya sabe que para entrar en el Libro Guinnes sólo hay que elegir la opción. Y la afición del Madrid está dispuesta a entrar por las bravas en la historia después de haber elegido la destitución de entrenadores como objetivo a batir. Con lo fácil que sería disolver el club.
En (General) por Enrique M. de la Casa el 08-03-2010
El fuerte viento que nos visita de vez en cuando durante este larguísimo invierno, sirve como diversión para pájaros. Vencejos al caer o gaviotas que no se fueron, echan un pulso contra el viento. Cuanto más violento el empuje, más porfía del pájaro. Aletean con fuerza, no avanzan, se quedan suspendidos en el aire, se vencen con brusca torsión y, en el caso de las gaviotas que veo delante de mi ventana, caen hacia el agua de un Tajo crecidísimo. ¿Se mojan? No. Levantan con decisión el vuelo y comienzan el juego. Después de diez o quince minutos, quizá fatigados, quizá aburridos, los pájaros se desentienden del ventarrón para buscar nuevas aventuras o quizá más comida, o material para el nido. El juego me saca de la lectura, me lleva a apostar contra mí mismo sobre cual de ellos se vencerá antes, cual retomará la lucha, cual se rendirá… De este divertimento no participan las cigüeñas, quizá más serias, con más leyenda, representantes de un mundo poco dado a la diversión. Las cigüeñas se agrupan en la isla que parte el río en dos, ajenas al viento, picoteando en el suelo, mirándose unas a otras. No prestan atención a las gaviotas. Son de otro mundo.
En (Cosas) por Enrique M. de la Casa el 05-03-2010
Vienen los franceses a defender los toros. Madrid los va a hacer obligatorios. ¿Qué pensará de este contubernio gabacho el alcalde de Móstoles?
Lo que comenzó como un pasatiempo para catalanes ociosos se está vistiendo de lo verdaderamente importante: las señas de la identidad nacional. Patriotismo con cuernos. Lo lógico sería situar la cuestión en un justo término: se trata de un jugoso negocio que hiere la sensibilidad de algunas personas. He ido a los toros y he dejado de ir. Los he visto como un espectáculo que no me arraigaba a la patria a pesar de las cuatiosas subvenciones que reciben de mis impuestos. Pero de ahí a que un Parlamento pierda horas y horas. De ahí a que filósofos españoles y franceses traten de dilucidar si son galgos o podencos, hay un trecho que lo llena la vergüenza de las ocupaciones tontas, inanes, sin sentido. Ahora pierdo el tiempo discutiendo con unos y con otros sobre prohibiciones, España, catalanes, referéndumes, chulaponas, tontos del culo y el futuro del ecosistema solar. ¿No es más disolvente del cerebro y afecta gravemente al equilibrio neuronal, el Diario de Patricia? Que se forme una comisión parlamentaria y comencemos a hablar de ello.
En (Cosas) por Enrique M. de la Casa el 04-03-2010
En cuanto comienzan los acordes de La Marsellesa, me afranceso. Es como un impulso al que no puedo oponerme. Formo mis batallones ciudadanos y allá voy. Pero en cuanto pita el árbitro, ya estoy donde no debo: tras la bandera del toro. Casi como el doctor Jeckyll y mister Voltaire. Ahora, desde que los publicitarios inventaron lo de la “roja” ya veo la cosa con más tranquilidad. Antes me invadía la desazón de compartir deseos con Alfonso Ussía lo que me provocaba sudores fríos y una desconsolada congoja. La selección es para mí la única oportunidad de aplaudir a los jugadores del Barcelona sin que me remuerda mi conciencia blanca. Ayer vimos a los rojos acabar con los azules. Con elegancia, con determinación, con juego. Quiero decir, en el fútbol.
En (Cosas) por Enrique M. de la Casa el 03-03-2010
La Internacional del Buen Rollito ha encontrado campo abonado en la crisis mundial pero con espectáculo nacional. Abrazados al neoregeneracionismo costista, llegan a creer que lo que España necesita es Sonrisa y Despensa. O que la misma sonrisa venga a llenar la despensa. Se están gastando cuatro millones de euros en comunicar que juntos podemos. Algunos están más juntos que otros y por tanto pueden bastante más. El otro día veía yo en televisión a una pobre trabajadora contratada para despedir gente. Por un lado ella veía positiva esta nueva manera de quitarse de enmedio las malas vibraciones que tienen algunos empresarios. Supongo que lo creía porque ella gozaba de un nuevo trabajo en la procelosa situación de personas que iban a recibir de sus labios la maldita comunicación. También se dolía de que hubiese gente (faltó decir que chapada a la antigua) que no entendiese este bien que ella representaba: confortar al que sufre. Y los había que no comparecían al ser citados y había que buscarles por las calles para darles la mala noticia. Eso sí: con muy buenas palabras y muy buen rollito.
En (General) por Enrique M. de la Casa el 02-03-2010
A punto de terminar con el Watusi, me llega la segunda sensación de que en esa novela aparezo yo. Al protagonista le ofrecen escribir relatos pornográficos. O esto que yo cuento era muy frecuente en la España de primeros de los 80 o aquí pasa algo. Comenzaba mis estudios universitarios en Madrid con poca beca y mucha hambre cuando una compañera de clase que conoce Luismi, ex mujer a esas alturas del hijo de un ideólogo que conoce Pedro Pablo, se ofreció a buscarme un trabajo escribiendo novelas del Oeste. No había demanda pero lo que encontró es que la famosa editorial de los tebeos necesitaba un novelista pornográfico. A tanto la novela y muy poca imaginación porque con el encargo venía el guión: tantos besos, tantos abrazos, tantos quiquis, tantos sobos ahí, tantos lametones aquí. En fin que había que rellenar la planilla. A punto de comenzar a escribir la primera frase de una novela a la que yo no ponía el título, me salió algo menos calenturiento. Ahí se esfumó la posibilidad de hablar de una experiencia que, supongo, habría encarado bajo seudónimo: José Saramango, Dom Delenguas, Klim Toris…
En (General) por Enrique M. de la Casa el 01-03-2010
Me llego hasta la raña por ver la tormenta perfecta. Busco el horrísono ulular del viento, el chasquear de ramas de olivo, el retumbar de truenos y, en caso de absoluta suerte, el tronchar de árboles imponentes. No puedo. Que no puedo subir a la raña porque lo que siempre ha sido el cauce seco de un arroyuelo, es hoy primo hermano del Ganges del tal forma que sólo teniendo el don de andar sobre las aguas pudiera yo alcanzar mi objetivo. Dejo el pueblo y bajo a la ciudad. Allí ulula el horrísono estruendo de emisoras episcopales que braman porque la tormenta perfecta no llega, no mata, no destroza. Así como los sindicatos no pegan fuego, así la tormenta no acogota. ¿Se puede enderezar un país así donde las cosas no terminan en catástrofe? Menos mal que como siempre, nos salva Francia. Allí sí que hay un gobierno serio y una tormenta de padre y muy señor mío. Qué felices deben ser los primos franceses de nuestros apocalípticos: allí sí pasa lo que tiene que pasar. ¿O no hay?
En (Cosas) por Enrique M. de la Casa el 27-02-2010
“Un total de 50 provincias exceptuando Murcia y Baleares se encuentran en alerta”. Me rindo. Me repito. Me llevan los demonios. Está escrito en la edición de hoy de El País. Si el mejor periódico de España es capaz de esto, pierdo toda esperanza en que sepamos lo que sabemos, transmitamos lo que sabemos, sepamos dónde estamos y seamos capaces de hacer ver a nuestros hijos que somos competentes.
Si 50 provincias están en alerta, es España la que está en alerta. Si exceptuamos dos provincias, 48 provincias están en alerta. Vamos dejar de alertar sobre la tormenta y alertemos sobre la ignorancia. Quizá no ganemos nada en ello pero yo me quedo más tranquilo. Vamos a copiar 100 veces: España se divide en 50 provincias y dos ciudades autónomas. España se divide en 17 comunidades autónomas. España es una monarquía constitucional. España es un Estado social y de derecho. Los periodistas en España son universitarios con amplios conocimientos de inglés y una laguna enorme sobre su país de origen. Es sábado. Aprovecho para descansar pero ya veis a lo que conduce la lectura de periódicos.
En (Política) por Enrique M. de la Casa el 24-02-2010
Puestos a suponer supongamos que ayer se manifestase en Madrid la plena redacción sin faltar ni uno del Financial Times. El runrún ponderando gratamente la tan magnífica idea de ver desfilar a tan preparada tropa, atronaría hoy las tertulias. Zarandearía hoy la caverna nuestra conciencia señalando con precisión las duras condiciones en las que se desarrolló la entrega británica: con lluvia y frío, con el Barcelona en la tele. Pero no fue el Financial sino gente que hizo caso a los trasnochados sindicatos de clase. Por tanto, a esta hora, nadie debería dudar de calificar como de poco lustre la movilización obrera. Como si estos sindicatos no fuesen otra cosa que burocracia y liberados; todos ellos a sueldo de Zapatero al que hacen cucamonas como de cabreo pero que no son tal, sino sumisión. ¡Ay si estos sindicatos fuesen aquellos de zafarrancho y tea! Jamás llegarían a creerse la cantidad de partidarios que tendrían entre la derecha mediática. Yo hago la propuesta: Ingresar todos en las cofradías de Semana Santa y comenzar la labor de zapa.