Vienen los franceses a defender los toros. Madrid los va a hacer obligatorios. ¿Qué pensará de este contubernio gabacho el alcalde de Móstoles?
Lo que comenzó como un pasatiempo para catalanes ociosos se está vistiendo de lo verdaderamente importante: las señas de la identidad nacional. Patriotismo con cuernos. Lo lógico sería situar la cuestión en un justo término: se trata de un jugoso negocio que hiere la sensibilidad de algunas personas. He ido a los toros y he dejado de ir. Los he visto como un espectáculo que no me arraigaba a la patria a pesar de las cuatiosas subvenciones que reciben de mis impuestos. Pero de ahí a que un Parlamento pierda horas y horas. De ahí a que filósofos españoles y franceses traten de dilucidar si son galgos o podencos, hay un trecho que lo llena la vergüenza de las ocupaciones tontas, inanes, sin sentido. Ahora pierdo el tiempo discutiendo con unos y con otros sobre prohibiciones, España, catalanes, referéndumes, chulaponas, tontos del culo y el futuro del ecosistema solar. ¿No es más disolvente del cerebro y afecta gravemente al equilibrio neuronal, el Diario de Patricia? Que se forme una comisión parlamentaria y comencemos a hablar de ello.