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Hace muchos, muchos años, en una galaxia muy lejana, se asentaba Eladio en el centro de la defensa del Barcelona. Aunque pareciera que defendía, Eladio a lo que se dedicaba era a sacudir a todo el que se acercase por allí. Y había bofetadas por no acercarse. Era una de esas clásicas confusiones, una apariencia. En realidad ese Eladio no jugaba al fútbol, lo destruía. Me he acordado de él al leer que otro Eladio, en una galaxia más cercana, ayer mismo, sucumbía al bebedizo de la familia Baltar, abjuraba de su fé socialista e ingresaba en ese Partido Popular antes tan caciquil y ahora tan moderno. E ingresa con una declaración que no engaña a nadie: servirá a su nuevo partido con la misma dedicación, entrega y disciplina que lo hizo al anterior. Avisados quedan. Si este Eladio era la persona de confianza del nuevo dirigente regional socialista, no le arriendo las ganancias al susodicho dirigente. El futuro del socialismo gallego parece que se ha vuelto color de hormiga.