Propongo la inmediata creación de la Comparsa Patriótica Nacional con carácter urgente y vía decreto. En ella quedarían integrados los que, dando un patriótico paso al frente, acompasasen su amor a España con la correspondiente tributación de sus ingresos, sean estos de la naturaleza que fuere, sea por cantar, dar raquetazos, ser miembros de una selección de tronío o sea por ser ricos de familia. Todo aquel huidizo patriota que nos pone por las nubes desde Miami o Montecarlo, a ingresar en la Comparsa. Se aceptan a aquellos que poniéndonos por las nubes también ponen el cazo por alabarnos. No somos tiquismiquis. Creada la tal Comparsa y repatriados los impuestos, nosotros peregrinaríamos a agradecerles el gesto hasta el mismo Madrid. Y ellos peregrinarían acompañados por los agentes sociales y el miembro más rectificador del gobierno, a Bruselas, Nueva York, Tokio, Londres o allá donde demandase una bajada de calificación o se avizorase el posible aumento del diferencial con el bono alemán. Diferencial que, habrá comprobado el que esté un poco atento a la actualidad nacional, no hace más que crecer para regocijo de tertulias y desespero del ministro de Trabajo porque el tal ministro comprueba con desolación cómo cada vez que aumenta el dichoso diferencial, disminuyen los días que van a pagar por despido.
La Internacional del Buen Rollito ha encontrado campo abonado en la crisis mundial pero con espectáculo nacional. Abrazados al neoregeneracionismo costista, llegan a creer que lo que España necesita es Sonrisa y Despensa. O que la misma sonrisa venga a llenar la despensa. Se están gastando cuatro millones de euros en comunicar que juntos podemos. Algunos están más juntos que otros y por tanto pueden bastante más. El otro día veía yo en televisión a una pobre trabajadora contratada para despedir gente. Por un lado ella veía positiva esta nueva manera de quitarse de enmedio las malas vibraciones que tienen algunos empresarios. Supongo que lo creía porque ella gozaba de un nuevo trabajo en la procelosa situación de personas que iban a recibir de sus labios la maldita comunicación. También se dolía de que hubiese gente (faltó decir que chapada a la antigua) que no entendiese este bien que ella representaba: confortar al que sufre. Y los había que no comparecían al ser citados y había que buscarles por las calles para darles la mala noticia. Eso sí: con muy buenas palabras y muy buen rollito.
nov
Una realidad recorre España de norte a sur: el despido de periodistas. Una realidad aún más cruel recorre España de Este a Oeste: el silencio. Trabajadores asalariados a los que se les exige el plus de libertad que otros no están dispuestos a ejercer, hombres y mujeres que se ocupan un día si y otro no de conflictos laborales, no encuentran ni el momento ni la ocasión para reivindicar lo suyo ni la solidaridad mediática que ellos administran. En casa del redactor, cuchara de silencio. Hoy cierra un medio en Granada, ayer tres o cuatro en Castilla-La Mancha, una cadena de radio poderosísima pide a su plantilla que se reduzca el sueldo un 8 por ciento con la consiguiente negativa y la puesta en marcha de inmediato del recorte en forma de despidos… Así avanza la libertad de expresión por España. O ya ni siquiera la libertad de expresión, el humilde y triste cocido de los arriba firmantes.