Gaviotas

En (General) por Enrique M. de la Casa el 08-03-2010

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El fuerte viento que nos visita de vez en cuando durante este larguísimo invierno, sirve como diversión para pájaros. Vencejos al caer o gaviotas que no se fueron, echan un pulso contra el viento. Cuanto más violento el empuje, más porfía del pájaro. Aletean con fuerza, no avanzan, se quedan suspendidos en el aire, se vencen con brusca torsión y, en el caso de las gaviotas que veo delante de mi ventana, caen hacia el agua de un Tajo crecidísimo. ¿Se mojan? No. Levantan con decisión el vuelo y comienzan el juego. Después de diez o quince minutos, quizá fatigados, quizá aburridos, los pájaros se desentienden del ventarrón para buscar nuevas aventuras o quizá más comida, o material para el nido. El juego me saca de la lectura, me lleva a apostar contra mí mismo sobre cual de ellos se vencerá antes, cual retomará la lucha, cual se rendirá… De este divertimento no participan las cigüeñas, quizá más serias, con más leyenda, representantes de un mundo poco dado a la diversión. Las cigüeñas se agrupan en la isla que parte el río en dos, ajenas al viento, picoteando en el suelo, mirándose unas a otras. No prestan atención a las gaviotas. Son de otro mundo.

Cormoranes

En (General) por Enrique M. de la Casa el 18-02-2010

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De unos años a esta parte los cormoranes han colonizado el tramo del río que discurre frente a mi casa. Cada día se afanan en buscar entre las sucias aguas algún pez engordado a base de detritus. La última crecida ha traído un gran tronco que yace varado frente a mi balcón. Allí se suben los cormoranes tras su buceo y aletean. No sé si lograrán secarse porque la lluvia no cesa pero cuando el sol logra vencer al temporal, las aves negras se solazan como dormidas. Ahora mismo el río tiene el agua que no he visto pasar por el puente en los últimos quince años. Parece el río de ayer. Es marrón, arrastra barro y enea, impide a los piragüistas asomarse siquiera a esa corriente fuerte y a esos remolinos peligrosos. Han abierto las compuertas de los pantanos y el Alberche lleva mucha agua, y la Portiña lleva mucha agua y, por tanto, el Tajo lleva mucha agua. Tanta agua que los patos buscan refugio en los remansos para no luchar contra la corriente. Tanta agua que las garzas no duermen en la ribera, asustadas. Tanta agua que sólo los cormoranes se atreven a desafiarla.