En (Política) por Enrique M. de la Casa el 24-02-2010
Puestos a suponer supongamos que ayer se manifestase en Madrid la plena redacción sin faltar ni uno del Financial Times. El runrún ponderando gratamente la tan magnífica idea de ver desfilar a tan preparada tropa, atronaría hoy las tertulias. Zarandearía hoy la caverna nuestra conciencia señalando con precisión las duras condiciones en las que se desarrolló la entrega británica: con lluvia y frío, con el Barcelona en la tele. Pero no fue el Financial sino gente que hizo caso a los trasnochados sindicatos de clase. Por tanto, a esta hora, nadie debería dudar de calificar como de poco lustre la movilización obrera. Como si estos sindicatos no fuesen otra cosa que burocracia y liberados; todos ellos a sueldo de Zapatero al que hacen cucamonas como de cabreo pero que no son tal, sino sumisión. ¡Ay si estos sindicatos fuesen aquellos de zafarrancho y tea! Jamás llegarían a creerse la cantidad de partidarios que tendrían entre la derecha mediática. Yo hago la propuesta: Ingresar todos en las cofradías de Semana Santa y comenzar la labor de zapa.
En (Cosas) por Enrique M. de la Casa el 14-12-2009
Hay días en que medito tanto los asuntos de los que puedo escribir que acabo por no escribir sobre nada. Me ataca la parálisisdel superviviente. Voy a escribir sobre los sindicatos. Ya se sabe que puedes darles hasta en el paladar porque son lo peor de lo peor. Unos hunde patrias. Habiendo tantísimas maneras de robar con descaro, ¿por qué hay gente que sigue afiliada a un sindicato de clase? Por lo que a mí respecta, he recibido una patada en la espinilla de mi querido, antiguo, moderno, pluscuamperfecto, diligente, diletante, negociador, pobrecillo, sindicato. A mi casa llegó la semana pasada una carta en la que se me convocaba a hacer oír mi voz en Madrid, ese lugar en el que puedes ser contado sin temor a errar en el número. Jamás de los jamases pensé leer negro sobre blanco que mi allegamiento podía ser compensado con 9 (nueve) euros en efectivo a cobrar en destino. Dicen que es viático, ayuda contra el ayuno, remesa para invertir en el bar. Pero a los que nos hemos manifestado de cualquier manera que se pueda imaginar, lo escrito nos dejó fríos. Que no fui.
En (Cosas) por Enrique M. de la Casa el 20-10-2009
La satisfacción de saber que los nuestros no han fallado está a punto de convertirse en un recuerdo. Cada uno de nosotros ha asistido en su vida a concentraciones por una u otra causa. Al final de las mismas hemos regresado a casa confortados. Las más de las veces porque los amigos no han fallado. Las menos porque allà no acudió ni el tato. Esto se acaba. Un contador de manifestantes que sabe distinguir a un contribuyente de una farola, va a poner los números en su sitio. Se acabaron las manifestaciones cuyo número de participantes se averiguaba con el tradicional “ojÃmetro”. La ciencia está aquí para quedarse y para acabar con todas nuestras ilusiones porque nunca la máquina marchará al unÃsono de nuestro corazón. Un corazón que siempre ha sabido que allà había más de lo que parecÃa a simple vista.
Una vez tuve tiempo de contar los manifestantes convocados por un sindicato en una ciudad que yo me sí©. Yo acudía a cubrir informativamente el evento. Conté, subà la cifra en 200 y publiqué. Sufrà una persecución en toda regla. Me costó años levantar aquella losa con aquella dirección sindical. Resulta que había participado justo el triple de la gente que yo había puesto en el artÃculo. No volvà a contar. Me limité a preguntar qué cantidad le parecÃa razonable al sindicato en cuestión.